Nota de la editora: Esta es la primera historia de una serie que trabajó Todas en colaboración con Coordinadora Paz para las Mujeres y su revista Voz de Voces. La serie aborda la violencia sexual en las comunidades de fe en Puerto Rico.
Fotos de Ana María Abruña Reyes / Ilustraciones de Nicole Hernández- Buenaaas Creativo
En la pasada década, dramáticos testimonios contra sacerdotes y pastores pederastas, así como de mujeres acosadas al interior de templos y púlpitos, estremecieron al mundo. Las graves revelaciones jamaquearon las altas jerarquías eclesiásticas, y aunque algunos grupos religiosos han comenzado a establecer normas y proyectos para lidiar con este tipo de conductas no deseadas, todavía en algunas iglesias la sexualidad humana sigue siendo tabú. Son pocas las congregaciones que han adoptado guías o tienen algún tipo de programa para manejar la violencia sexual al interior de las comunidades de fe.
“Hay muchas iglesias que no tienen ningún protocolo. Ese tema no lo trabajan y, cuidado, que en la Biblia hay historias de agresión sexual entre hermanos y de padre agrediendo una hija. Esos textos ni siquiera se leen para condenar esa agresión. Si el pastor no dice nada, la persona que ha sido víctima puede pensar que lo que le pasó no es importante. Si desde el púlpito se habla condenando esa agresión, la gente va a ir a las consejerías con ese pastor para decirle: ‘he vivido esa experiencia’”, advierte la catedrática del Seminario Evangélico de Puerto Rico, Agustina Luvis Núñez.
Aunque están aumentando las iglesias que están trabajando con la violencia sexual, la teóloga sostiene que todavía no hay paridad.
Son más las que no reconocen el problema y es un problema gravísimo [que va] contra todas las normas de la fe, contra la imagen de Dios en cada ser humano, contra la vida, contra el cuerpo, contra la dignidad humana. No sé qué más hay que explicar para que la gente entienda que las agresiones en niñas y en niños hay que trabajarlas con más prontitud”, puntualiza la autora del libro Creada a su imagen: una pastoral integral para la mujer (2012), entre otras publicaciones.
Luvis Núñez, sin embargo, subraya que sabe de iglesias en Puerto Rico que tienen protocolos para manejar no solo la violencia sexual, sino el acecho y la violencia de género. La catedrática de teología, con 21 años de experiencia, participó en el desarrollo de la Guía Protocolo para Líderes Comunitarias e Iglesias Cristianas, un proyecto de la organización sin fines de lucro Taller Salud, publicado en 2021, mediante una subvención de fondos del Departamento de Justicia de los Estados Unidos. El documento está disponible de forma gratuita para las comunidades de fe —y la población general— y se puede acceder en la página de Taller Salud.
“Me consta que mujeres que trabajan con estos temas han cooperado con esos protocolos como la Iglesia Metodista de Puerto Rico y las iglesias bautistas. No se de iglesias en particular que tengan ya un protocolo, pero sí algunas denominaciones lo han trabajado. No puedo mencionar a alguna en específico que no lo tenga, pero sí sé que este tema no se trabaja en muchas iglesias, especialmente las iglesias independientes que no le rinden cuentas a nadie. Las iglesias denominacionales que tienen una organización administrativa más estricta, sí trabajan el tema”, indica.
La catedrática de teología sostiene que cuando salieron los escándalos de personas religiosas que estaban abusando de niños y niñas, muchas congregaciones abrieron los ojos, principalmente las que ofrecen escuelas dominicales o bíblicas, que tienen niños y niñas en sus departamentos desde la cuna hasta jóvenes. “En el Seminario, por ser a nivel graduado, tenemos cursos específicos de cómo trabajar estos temas en la iglesia y cómo intervenir con estos casos también”, menciona la reverenda, quien tiene un doctorado en Teología Sistemática de la Escuela Luterana de Teología, en Chicago.

Luvis Núñez enfatiza que la violencia sexual es un problema que requiere intervención transdisciplinaria. “Los pastores podemos orar y acompañar, pero esa persona tiene un daño emocional que necesita sanar y es importantísimo referir a esa persona. En algunas iglesias no se toca el tema y se barre debajo de la alfombra, no se trabaja como debe ser para erradicarlo”, sentencia.
En los casos de violencia sexual al interior de familias, la pastora considera que a nivel de las iglesias hay que trabajar más para que los niños y niñas hablen cuando son víctimas de abuso en el hogar. “Tenemos que empezar a enseñar a la gente que hay que honrar padre y madre en la medida en que son un padre o una madre protectora, cuidadora y amorosa, que atiende las necesidades de ese niño o niña, que no le hace daño y que, el día que eso no pase, no hay por qué dejar de decir que eso no está pasando. Eso podría ser un factor que impida que ese niño o niña hable”, asevera la teóloga, toda vez que establece que la mayoría de las agresiones sexuales que sufren los niños ocurren en el círculo familiar.
“No podemos dejar a las cabras velando las lechugas, y esos padres y esas madres tienen que ser educados también”, refuerza.
En cuanto a la violencia sexual entre parejas del mismo sexo, sostiene que pocas iglesias tienen protocolos con normativas y lenguaje inclusivo. “Hay denominaciones que tocan el tema de la violencia de género, independiente del género que sea la persona, pero hay otras que no tocan las agresiones sexuales entre parejas del mismo sexo. Estas denominaciones que han mostrado apertura con el tema son muchísimo menos”, denuncia la teóloga. Incluso, dice que aún en denominaciones que en Estados Unidos han mostrado apertura a la inclusión, “aquí todavía hay resistencia a trabajar con el tema”.
Iglesia Metodista avanza en un protocolo
En 2021, la Iglesia Metodista de Puerto Rico aprobó una resolución expresando preocupación ante los casos de violencia de sexual en comunidades religiosas que habían trascendido en el país. La obispa Lizzette Gabriel Montalvo explica que en 2024 la congregación aprobó en asamblea un protocolo, adoptó las guías de Taller Salud, y en 2025, comenzó un proceso de certificación de facilitadores comunitarios para el manejo de casos.
Taller Salud capacita a otras denominaciones
La psicóloga comunitaria Ilia Vázquez Gascot ofrece talleres y módulos de capacitación sobre conducta sexual inapropiada a grupos organizados a través de la Coordinadora Paz para la Mujeres (CPM), utilizando la guía protocolar de Taller Salud.
“De esa guía protocolo se puede utilizar el contenido como modelo para cada denominación crear su propio protocolo según su realidad y alcance”, explica la psicóloga, quien, los pasados 20 y 30 de septiembre de 2025, lideró adiestramientos en Aguada y Canóvanas a grupos de congregaciones presbiterianas, luteranas y bautistas.
“Nadie mencionó que tuvieran algo como un protocolo en su iglesia o denominación. En Canóvanas, el grupo era más grande, había bautistas y congregaciones independientes, más de corte pentecostal”, abunda Vázquez Gascot.
Añade que, a través de Taller Salud, también han convocado al grupo Aliadas de Fe, que reúne lideresas de iglesias de Loíza, Río Grande y Canóvanas, quienes han recibido múltiples adiestramientos sobre el tema violencia doméstica y sexual, con énfasis en la violencia sexual.
“Se les ha ayudado a problematizar el tema de la violencia, a darles herramientas para trabajar el tema dentro de sus comunidades de fe, cómo romper con los mitos , cómo utilizar las Escrituras para hablar de este tema, cómo denunciarlo y cuáles son los recursos en la comunidad en caso de que surja una situación en la iglesia, sea porque ocurra dentro del espacio de la iglesia o porque una persona que pertenece a la comunidad de fe diga que ha sido agredida sexualmente”, sostiene.

La psicóloga destaca que mediante el proyecto, que culminó este septiembre, procuran que las mujeres tengan las herramientas para saber qué hacer. “Es un grupo que estuvo preparándose prácticamente un año y ellas mismas han estado compartiendo la información que recibieron con sus comunidades de fe”, explica.
¿Qué puede decir sobre los protocolos en la práctica?
Ciertamente, hay carencia de protocolos en la mayoría de las comunidades de fe. No nos consta que haya un trabajo documentado de qué se va a hacer en caso de que ocurra una situación en la congregación o en la comunidad de fe y tampoco lo hay para saber qué vamos a hacer en caso de que una persona que es miembro de la comunidad de fe, diga que le ha pasado esto en cualquier espacio. Hay una escasez de protocolos, me consta. La Iglesia Metodista tal vez tenga, pero hay una carencia de protocolos establecidos y en funciones” , expresa Vázquez Gascot.
Considera, además, que aunque las comunidades de fe tienen buenas intenciones y deseos de ayudar, no necesariamente tienen el conocimiento y en ocasiones confunden el apoyo o el acompañamiento pastoral o espiritual con la atención profesional que necesita una persona que ha atravesado una experiencia de violencia sexual. “Sin menospreciar el acompañamiento espiritual, que es necesario, quien haya sufrido la agresión sexual —sea una persona de fe—, hay unos elementos que tienen que ver con un adiestramiento especializado para manejar este tipo de violencias traumáticas”, subraya la psicóloga.
Iglesia Católica
La Iglesia Católica en Puerto Rico, por su parte, cuenta con dos protocolos aprobados por la Conferencia Episcopal, vigentes para todas las iglesias diocesanas de la isla, según informa el Obispo de Mayagüez, Ángel Luis Ríos Matos.
Explica el prelado que el primer protocolo es el Procedimiento para atender los casos de alegada conducta impropia por parte de clérigos, religiosas, religiosos, obispos, laicos asalariados o voluntarios y todos los agentes de pastoral. El otro se denomina: Procedimiento para atender (exclusivamente) los casos de abuso sexual contra menores de edad cometidos por clérigos. En el derecho canónico, los menores de edad son todos aquellos que no hayan cumplido los 18 años.
“Ambos procedimientos o protocolos están en el proceso actual de revisión y actualización, ya que en los últimos años el código de derecho canónico, en su libro sexto sobre derecho penal, ha sido sustancialmente modificado”, señala el Obispo, quien reclama que la Iglesia Católica ha tenido “avances” en el manejo del problema.
“A medida que se ha ido concientizando, los casos de abuso por parte de clérigos han disminuido y, cabe destacar, que los casos que han salido no suelen ser recientes, sino de décadas pasadas. Hemos logrado mentalizar al pueblo católico, clérigos y laicos que un solo caso es demasiado y la meta es cero tolerancia. De otro lado, ha habido un avance y se ha creado una cultura, un pensamiento, una costumbre de prevenir los casos de abusos en todos los niveles”, reclama el canónico.
Cuando en la diócesis de Mayagüez, hace 12 años, iniciamos los programas de prevención, costaba trabajo convencer a los fieles y a los clérigos para tomar los cursos. Hoy día ya es una costumbre y son los propios fieles los que llaman a la diócesis continuamente para que organicemos los cursos de prevención”, dice para agregar que en la diócesis mayagüezana han sido certificados y recertificados en prevención de abuso de menores, al menos en tres ocasiones, más de 4,000 agentes de pastoral. El obispo Ríos Matos recalca que los cursos de prevención no son opcionales, sino obligatorios para toda persona que desee cooperar en la pastoral diocesana.
“Los agentes de pastoral, al iniciar sus labores en la diócesis, se certifican; luego tienen un taller anual de educación continua, y al cabo de tres años, se vuelven a recertificar”, detalla. “Podemos decir con alegría que hemos creado la ‘cultura del cuidado’”, resume el líder católico.





