Foto del archivo de Ana María Abruña Reyes
En medio de un contexto crítico en términos de acceso a salud reproductiva, retroceso de derechos y criminalización social y estatal del aborto, las feministas conmemoramos hoy el Día de Acción Global por el Acceso al Aborto Legal y Seguro. Esta fecha, escogida en el V Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe de 1990, no fue aleatoria. La misma fue propuesta por la delegación de Brasil en reconocimiento del 28 de septiembre de 1871, día en el que se aprobó la Ley del Vientre Libre. La decisión de acoger esta fecha trasciende lo puramente conmemorativo y nos pone de manifiesto la conexión entre el campo de lo simbólico y lo material.
La Ley del Vientre Libre es entendida como el primer paso hacia el proceso de abolición de la esclavitud en Brasil que culminaría en 1888 y establecía que les hijes de mujeres esclavizadas serían entendides como personas libres. Si bien, esta liberaba de la carga de la esclavitud a les descendientes, continuaba capturando y cosificando la vida y el cuerpo de las personas que les habían gestado. La ley, además, implicaba una serie de estipulaciones propias de las lógicas racistas, capitalistas, patriarcales y civilizatorias. Les hijes permanecían bajo la tutela de los esclavizadores de sus madres hasta los 8 años. A partir de entonces, y hasta los 21 años, podían continuar trabajando para estos o pasar a la tutela del gobierno, que estaba obligado a pagar una compensación a los esclavizadores. Así, el “vientre libre” y lo que este “producía” permanecía tutelado, intervenido y violentado por el orden racial y patriarcal.
Rememorar hoy esta ley de 1871 nos lleva a pensar en las condiciones actuales de reproducción y cuidados de la vida, y las formas en las que las clases gobernantes —los mismos patriarcas, capitalistas y racistas de siempre— pretenden controlar nuestros cuerpos.
Como resultado de las políticas de austeridad y desplazamiento, la situación de los servicios de salud sexual y reproductiva en Puerto Rico es crítica. Falta de proveedores de salud y de clínicas, así como los cierres de salas de parto, nos han convertido en un desierto de cuidados maternos. Como bien sabemos, solo contamos con cuatro clínicas en el archipiélago que proveen servicios de interrupción de embarazos, todas ubicadas en el área metropolitana. Por otro lado, las leyes 166 y 183 de 2025, y la Ley 18 de 2026 que confieren status de “ser humano” al “concebido”, han cimentado las bases para la criminalización y posible ilegalización del aborto. Este entramado legal ha sido, entre otras cosas, el resultado de la conformación de una fuerza social reaccionaria que ha organizado políticamente a su base a través de las comunidades de fe y de otros espacios comunitarios y virtuales en los que se articulan una narrativa deshumanizante y patriarcal hacia las personas gestantes.
Estados Unidos es un caso emblemático de lo anterior y un ejemplo de lo que la extrema derecha pretende imponernos. Las restricciones al acceso al aborto en diversos estados han tenido un impacto indiscutible en la vida de quienes desean abortar y ahora quedan obligadas a maternar o a recurrir a otros métodos alternativos. Métodos que sí, en ocasiones son inseguros o requieren grandes esfuerzos, como desplazarse a otros estados con leyes menos restrictivas. Pero también, métodos que, en muchas ocasiones, son seguros. No gracias al Estado, sino a pesar de este.
Son las feministas las que se organizan para acompañar abortos seguros incluso con los riesgos que conlleva la ilegalidad. La criminalización e ilegalización del aborto también ha afectado a quienes desean maternar. Desear maternar, e intentar hacerlo, es saber que el aborto, bien sea espontáneo o como solución a un problema médico, siempre será una realidad con la que quizás se tendrá que lidiar. La severidad de estas restricciones aterriza en la vida de personas concretas. Las muertes por complicaciones no atendidas en el embarazo o por la negativa a practicar abortos necesarios para la supervivencia de la persona gestante han aumentado dramáticamente. Aunque estas políticas afectan a todas las personas gestantes, han sido las mujeres negras, migrantes y pobres las que se han llevado la peor parte. Recientemente, se hizo público que, desde la implementación de las políticas antiinmigración de Donald Trump, ICE ha arrestado a mujeres y adolescentes embarazadas en números récords. Encerradas en estos centros y sin la atención médica adecuada, los abortos en distintas etapas de gestación, también han aumentado.
No es casual que sean las mujeres negras, migrantes y pobres las que se estén llevando la peor parte. Y es que, como sabemos, los cuerpos, las gestaciones y las maternidades no están exentas de la violencia racista y de la aporofobia, así como de las emociones políticas que activan las fuerzas sociales reaccionarias a través de los imaginarios de la supremacía blanca. Odio y repulsión para la “otredad”; amor y empatía para lo “normativo”. Así, conviven en los imaginarios de estos grupos, los deseos de impulsar maternidades blancas, heteronormativas y de clases acomodadas, con los deseos de desechar las maternidades negras, cuirs y pobres.
Ante este panorama, toca continuar luchando por la justicia reproductiva: organizar y accionar teniendo como centro las experiencias y necesidades de quienes quedan en la intersección de los sistemas de opresión. Insistir que el acceso al aborto es salud, así como lo son los cuidados prenatales. Insistir que necesitamos más salas de parto, y también, más espacios de abortos seguros y acompañados. Insistir que maternar dignamente requiere de un estado que provea las condiciones materiales para hacerlo y de una comunidad que pueda sostener y cuidar la vida.
Rememorar, también, el encuentro que dio paso al día que conmemoramos hoy, es recordarnos lo esencial de sostener un movimiento feminista organizado, transnacional y articulado en torno a la liberación colectiva de nuestros cuerpos-territorios. Liberación que, para materializarse, requiere de acceso a la justicia reproductiva y redistribución de los recursos materiales de reproducción y cuidados de la vida. Solo así podremos hablar de cuerpos, vientres y vidas libres.




