*Esta es la quinta entrega de una serie de perfiles que publicaremos en Todas como parte de una alianza con Ruta Crítica, incubadora de proyectos de cine en Puerto Rico. Mujeres del cine boricua es un pódcast y registro en video de mujeres que son o han sido parte de la historia cinematográfica puertorriqueña. El proyecto, con entrevistas a cargo de la cineasta Arleen Cruz-Alicea, busca documentar la memoria y el trabajo de mujeres de distintas generaciones que han asumido distintos roles en el cine de Puerto Rico.
Fotos suministradas por Ruta Crítica
Rica Groennou llegó a la industria del cine “accidentalmente”, recuerda en entrevista con la cineasta puertorriqueña Arleen Cruz sobre sus comienzos en la década de 1980. Su carrera como gerente de localidades y de producción se extendió hasta 2015. En la actualidad, dedica su tiempo a colaborar con la fotografía de proyectos cinematográficos locales y a atender a su familia. “Una de mis prioridades es ser abuela”, dice quien siempre ha priorizado estar presente para sus familiares.
Antes de entrar al mundo del cine, Groennou ejercía la profesión de contable. “Trabajé administrando los planes médicos y haciendo la contabilidad general de uniones y sindicatos”, narra. Suspendió esa faena porque se “hartó” y porque decidió dedicarse al cuidado pleno de su primer hijo, quien “era muy asmático”. Para Rica, su carrera profesional ha estado entrelazada con el rol de cuidadora de su familia. Recientemente, antes de que fallecieran sus padres, cuidó de ellos. “Yo soy la hermana mayor, así que me tocan cosas que le tocan a las hermanas mayores”, manifiesta.
Sobre su trayectoria, afirma que, aunque entró por casualidad al mercado del cine, “fue muy fructífera, me gustó. Por eso duré tantos años, eché pa’lante a mis hijos con ese esfuerzo, así que sí valió la pena”. Rememora que, cuando dejó la contabilidad, le propusieron trabajar en la organización de un festival de cine y aceptó. De ahí, la diseñadora de producción puertorriqueña Bonita Huffman, quien notó que a Groennou le gustaba ambientar y que se le daba bien la decoración de espacios, la invitó a ser su asistente.
Luego, ascendió en ese departamento, hasta convertirse en gerente de localidades. De esa etapa de su carrera recuerda que podía pasar periodos trabajando 18 horas. “Era la primera persona que llegaba a la localidad y la última que me iba”, dice. Además, “fueron años de mucho aprendizaje” porque no contaba con asistente y le tocaba hacerlo todo, hasta limpiar las localidades al finalizar la grabación.
Para ese tiempo ya tenía dos hijos. Su mamá y su hermano fueron fundamentales en ese momento. Muchos compañeros de trabajo también la apoyaban como madre. Por eso, Rica Groennou extendió la noción de familia al aspecto laboral: “era trabajar y trabajar y ser mamá y ser mamá y ser familia…fuimos familia, incluso, entre nosotros mismos porque Boni Hoffman es mi hermana; Ellen Gordon es mi hermana del alma”, asevera.
También, se dedicó unos años a ser gerente de producción para agencias publicitarias y producciones fílmicas puertorriqueñas. Recuerda de esa etapa que, a pesar de los inconvenientes económicos de la industria local, se hicieron proyectos “hermosos”, precisamente, porque había un sentido de trabajo colectivo muy grande.
Hoy día, Groennou, quien comenzó en la industria cinematográfica de la mano de mujeres, considera que el cine boricua cuenta con “muchas más mujeres trabajando en distintas posiciones…”. Cuando ella inició, recuerda que la distribución era principalmente de varones. Explica que los hombres cubrían más los aspectos técnicos, de arte y de construcción, pero ahora muchas compañeras también se enfrentan y se integran a esas posiciones técnicas, en cámara, como directoras de fotografía. “La presencia de mujeres en todas las áreas de trabajo de los proyectos, no solamente en vestuario y maquillaje, me da mucha alegría”, expresa.
Hace una década que Rica Groennou no trabaja directamente en la industria del cine o la publicidad. “Eso de estar 18 horas trabajando era fuerte… yo merezco más tranquilidad. Otro ritmo”, dice con toda la potestad que le da una trayectoria profesional de tres décadas en las que, además, siempre ejerció el rol de cuidadora de su familia, el cual continúa experimentando con sus nietas y nietos.
La periodista Gabriela Ortiz Díaz redactó y recopiló los datos de esta historia.




