Fotos de Ana María Abruña Reyes
Cuando se trata de derechos de las mujeres en Puerto Rico, hay una persona que es un referente fundamental a la hora de hablar sobre el tema. Se trata de la abogada feminista y catedrática en Derecho, Esther Vicente, quien lleva más de cuatro décadas poniendo el cuerpo, la palabra y la acción en defensa del bienestar de todas y todes.
Nacida en el barrio Beatriz, en Cayey, Vicente forma parte de ese grupo de mujeres activistas feministas puertorriqueñas que, entre las décadas del 70 y 80, tomó el espacio público con fuerza para reclamar lo que nos corresponde: justicia, libertad, seguridad y el derecho a vivir en paz.
Al repasar algunos de los avances de esas décadas, como la reforma del Código Civil de 1976, el derecho al aborto en Puerto Rico en 1980 o la creación de la Ley de Violencia Doméstica en 1989, en muchos de ellos aparece Vicente, ya sea como testigo o partícipe de esos procesos, cuya ruta no ha sido fácil.
“Esto ha sido una lucha muy dura y muchas mujeres han dado su vida, su familia, su profesión por mantener esa visión de que las mujeres somos personas con capacidad ética para tomar decisiones sobre lo que ocurre en nuestros cuerpos”, expresó Vicente una mañana de febrero en su oficina en la Facultad de Derecho de la Universidad Interamericana, en Hato Rey.
Allí cofundó, en 2013, el Instituto de Estudios sobre Mujer, Género y Derecho, conocido como InterMujeres, junto a sus colegas y amigas María Dolores “Tati” Fernós, Marilucy González Báez y Yanira Reyes Gil.


Desde ese espacio, repleto de libros, recuerdos y objetos que sirven como testigos silentes de su andar, conversó con La sala de Todas, compartiendo casi una lección magistral sobre temas como el derecho al aborto en Puerto Rico y las recientes leyes y medidas antiderechos que se han aprobado en el país.
“Estamos en un momento de retroceso”, afirmó Vicente. “Ustedes están luchando [ahora] por las mismas cosas que nosotras luchábamos en los 70, los 80 y en los 90. Es para defender lo que se consiguió, no es para seguir aumentando, aclarando, facilitando, proveyendo formación comunitaria, mayor formación en las universidades sobre los temas de diversidad, de género, de equidad… Estamos en un momento muy duro”, reflexionó.
Ante el “estado de confusión” que ha generado el gobierno con respecto al derecho al aborto en Puerto Rico, dialogar con Esther Vicente fue iluminador. También esperanzador, porque más allá de responder de manera clara dudas sobre un tema que sigue siendo complejo —y que ha estado plagado de falsedades por parte de quienes dicen defender la vida—, Esther nos invitó a pensar en la fuerza movilizadora que tenemos las mujeres.
“Lo que hemos conseguido, lo que tenemos todavía hoy día, no es regalo de los líderes políticos ni de los gobernadores ni de los legisladores. Son conquistas”, dijo.
Esas luchas las conoce muy bien porque las ha estudiado e investigado, pero también porque ha sido partícipe de muchas de ellas, sobre todo a partir de sus estudios en Derecho en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, facultad en la que inició a sus 19 años. Fue allí donde comenzó su tránsito hacia el feminismo.
“El feminismo me ha dado muchas lecciones y muchas herramientas, más allá del derecho, de vida. Lidiar con relaciones, lidiar con conflictos, lidiar con situaciones de discrimen, que siempre las vamos a tener que superar… Así que llegué al feminismo por el lado de los derechos humanos, la búsqueda de la libertad para Puerto Rico y de la independencia, defendiendo múltiples situaciones hasta que llegué a trabajar por el lado de los derechos de las mujeres. Conozco feministas que me enseñaron muchísimo, que me han enseñado y que me siguen enseñando”, compartió Vicente, quien llegó a trabajar con Servicios Legales de Puerto Rico y con el Instituto de Derechos Civiles.

La abogada, quien se crió en una familia monoparental en la que su madre era la cabeza del hogar, lleva en la sangre esa fuerza heredada y cultivada que le ha servido a lo largo de toda su trayectoria, sobre todo cuando en la década de 1980 llevó a cabo su primer litigio en defensa de una mujer. Se trató de un caso por hostigamiento sexual en el que demandó a la Escuela de Medicina de la Universidad de Puerto Rico y al Hospital de Veteranos. Ese caso, junto a otras acciones, sentó las bases para la creación de la Ley para prohibir el hostigamiento sexual en el empleo de 1988.
Al preguntarle a la licenciada —quien es orgullosa madre de un hijo y abuela de un nieto— cómo ve el derecho en un momento tan álgido y convulso a nivel político, recordó que los derechos surgen en respuesta a las luchas comunitarias, a las luchas de las organizaciones y de los sectores afectados.
“Los derechos están aquí porque los hemos luchado y van a permanecer si los seguimos luchando. Si no luchamos por esos derechos, los van a eliminar o los van a hacer letra muerta”, dijo.
“La lucha por el derecho es una lucha política… No la vamos a ganar en la corte. Sí vamos a usar la corte, sí vamos a ir a la Asamblea Legislativa a decirles u opinar sobre un proyecto de ley; sí lo vamos a hacer, porque no se puede abandonar ese espacio”, agregó.
Vicente afirmó que la lucha por ocupar ese espacio político es un reto, es difícil, pero que no se puede claudicar.
“Todo lo que están haciendo está dirigido a confundir, está dirigido a cansar, pero no nos podemos cansar”, puntualizó la mujer que lleva 40 años poniendo el cuerpo, la palabra y el pensamiento para el bienestar común.






