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Manifiesto de empoderamiento menopáusico

Foto del archivo de Ana María Abruña Reyes

Nota: Este manifiesto fue redactado por participantes del primer Ciclo de Formación en Menopausia, facilitado por Aula Comunitaria PR a través de su Proyecto Fogonazo, en la zona centro montañosa de Puerto Rico. Fogonazo es una iniciativa boricua para educar sobre la menopausia desde enfoques decoloniales y con perspectiva de género. Actualmente, recibe una subvención de la Fundación de Mujeres en Puerto Rico para brindar estos apoyos a organizaciones, grupos y lideresas comunitarias involucradas en esfuerzos de salud sexual, bienestar comunitario o salud comunitaria en el archipiélago. Una segunda formación comenzará el 13 de febrero de 2026. Cualquier grupo interesado puede comunicarse por correo electrónico a xiommy@aulacomunitariapr.org o visitar las redes sociales de Aula Comunitaria PR.

El 18 de octubre de cada año se conmemora el Día Mundial de la Menopausia, fecha establecida en el 2009 por la Sociedad Internacional de Menopausia (IMS, por sus siglas en inglés) para fomentar la comprensión mundial sobre esta etapa de la vida. En Puerto Rico, un grupo de personas menstruantes, junto a Aula Comunitaria PR, han aunado esfuerzos para crear espacios educativos donde se intercambian  experiencias y conocimientos sobre la menopausia desde un lente inclusivo, justo y digno; rechazando el paradigma de “déficit” que arropa las narrativas y prácticas dominantes relacionadas a la menopausia.

Desde un lente clínico, la menopausia se define como el cese permanente del ciclo menstrual en una persona menstruante. Las personas menstruantes son aquellas que tienen ovarios y útero: además de mujeres, incluye a personas transmasculinas, hombres trans, personas no binarias, cuir o intersex que experimentan la menstruación.

Este manifiesto nace desde una mirada feminista caribeña interseccional y anticolonial, reconociendo que nuestras experiencias menopaúsicas están atravesadas por el género, la raza, la clase, la sexualidad, la geografía y los legados de violencia y resistencia que marcan nuestras vidas. Esta es una propuesta viva, tejida desde nuestras propias experiencias, para transformar el modo en que entendemos, acompañamos y vivimos la menopausia en nuestras comunidades.

Denunciamos…

  • El opresivo mandato cultural de que nuestros cuerpos deben ser sometidos a estándares de belleza y juventud para ser válidos y humanizados. Este mandato hace que nuestros cuerpos vivan en constante negación, vergüenza y miedo. 

  • La cultura de producción capitalista que valora a las personas menstruantes por lo que podemos servirle al mercado y que promueve la narrativa de que  “la gente vieja (más aún si son mujeres) son un problema en el ámbito laboral” o “no tienen las mismas energías”. Esto se traduce en una ausencia de apoyos y acomodos a personas menstruantes en tránsito menopáusico en sus lugares de trabajo.

  • El que las compañías aseguradoras de salud nos cobren más dinero por las primas de servicios de salud (según edad y género). Claramente no están interesados en nuestro bienestar, pues “nos ven como un riesgo a sus ganancias”.

  • La falta de empatía de médicos y profesionales de la salud cuando desestiman y “chiquitean” nuestras preocupaciones y preguntas clínicas sobre la menopausia. Y que, cuando les traemos información que buscamos, se ofenden porque “el experto soy yo”.

  • La poca asistencia médica que encuentran las personas menstruantes en su tránsito menopáusico que suele estar acompañada de narrativas y prácticas gordofóbicas y/o centradas exclusivamente en recomendar medicamentos o cirugías como remedios.

  • ¿Por qué llamar nuestra partes, órganos y cimientos por el nombre de quienes los “descubrieron”, cuando no tienen ningún derecho a nombrarlos ni sienten nuestra ciclicidad? ¡No son trompas de Falopio (Dr. Gabriele Falloppio), son trompas uterinas!

  • El abandono que reciben las zonas rurales de Puerto Rico en materia de salud, que se traduce en la ausencia de servicios y apoyos dignos, a pesar de ser sectores poblados mayormente por personas en tránsito menopáusico.

  • La invisibilización y deshumanización perpetrada contra las personas menstruantes de género expansivo y fluido, que generan mayor soledad e inequidad en salud a estas poblaciones durante esta etapa de sus vidas.  

  • El racismo y el capacitismo que impera en las normas sociales y servicios de salud, devaluando a personas racializadas como no blancas y a personas con discapacidad en su tránsito menopáusico.

  • La falta de foros públicos para poder expresarse sobre la menopausia, sin temor a ser señalades, ridiculizades o vistes como “inservibles, quejosas, viejas”.

  • La incomprensión y abandono de las personas a nuestro alrededor por desconocer (o aún conociendo, menospreciar) el impacto del tránsito menopáusico en nuestros cuerpos, nuestras prácticas y relaciones interpersonales.

Afirmamos que…

  • La menopausia no es un problema a resolver o una condición médica que debe ser tratada; es una transición fisiológica natural que, lamentablemente, es impactada por una cultura que deshumaniza los cuerpos menstruantes que no encajan bajo el espectro binario, heteronormativo y corporal hegemónico. 

  • Nuestra perspectiva sobre la menopausia busca fomentar la autonomía de las personas menstruantes para tomar decisiones informadas sobre su salud y bienestar durante esta etapa de sus vidas. 

  • La menopausia es un tránsito que nos permite valorar la sabiduría y experiencia acumulada a lo largo de los años, y que puede ser una oportunidad para el crecimiento, la liberación personal y el descubrimiento de nuevas facetas de identidad. No es final ni pérdida: es potencia, es saber, es fuego que sigue ardiendo. 

  • La experiencia de las personas menstruantes en nuestro archipiélago en su tránsito menopáusico es diversa; todas son válidas y deben ser atendidas con apoyo y sensibilidad humana.

  • No tenemos que sentirnos obligadxs a vernos y sentirnos desde los ojos de quienes patologizan nuestros cuerpos y vidas. Esta fase de nuestras vidas no se trata de menos, sino de más. ¡No somos desecho!

Proponemos…

  • Imaginar, reinventar y proponer acciones individuales y colectivas para hacerle frente a la opresión que vivimos, no únicamente en los espacios médicos, sino además en los espacios laborales, familiares y públicos.

  • Integrar la menopausia en los esfuerzos y programas de educación sexual y reproductiva, problematizando las narrativas y prácticas violentas que se reproducen sobre la misma, y fomentando la creación de otras formas de atenderla y de crear redes de apoyo comunitarias.

  • Que la menopausia esté integrada al currículo de todos los profesionales de la salud desde un enfoque interseccional, y que se ofrezcan cursos de educación continua fomentando una práctica de acompañamiento y no de paternalismo profesional.

  • Crear más oportunidades educativas comunitarias sobre menopausia enfocadas en el diálogo e intercambio de saberes entre TODAS las personas menstruantes para visibilizar todas las formas posibles de transitar esta etapa en bienestar, gozo y hermandad. 

  • Vivir la menopausia como los demás procesos de la vida menstruante: en autoconocimiento y comunidad.

Hacemos un llamado a…

  • Los médicos, profesionales de la salud y coaches de la menopausia… a reconocer que no todas las cuerdas vibran igual. A escuchar a cada persona menstruante desde su realidad y experiencia. El deber ético de quien acompaña la salud es autoeducarse, escuchar con respeto y empatía, y apoyar con dignidad a quienes confían su cuerpo y su historia en sus manos. Juraron cuidar la vida, no perpetuar el descuido.

  • A los patronos…  a comprender que la excelencia laboral no nace del miedo ni del maltrato. Una buena empresa se mide por cómo cuida a quienes la sostienen, no por cuántos exprime. Respetar, reconocer y valorar a lxs trabajadorxs no es un favor, es la base de toda productividad justa. El bienestar de quien trabaja es también el bienestar del trabajo mismo. No definan a las personas menstruantes por lo que “ha perdido”, sino por sus historias, fuerza y formas de contribuir.

  • A los gobiernos… exigimos políticas públicas y servicios de salud integral descentralizados; que se eduquen antes de crear medidas, y que nos consulten, porque somos las expertas de nuestros cuerpos en menopausia. No pedimos permiso para existir con plenitud. Nos reclamamos con dignidad y resistencia. Nos declaramos soberanas de nuestros cuerpos, nuestras emociones y nuestros deseos.

  • A las comunidades y a nuestras familias… a construir comunidades donde la menopausia no se viva en aislamiento, sino en solidaridad. Aprendemos unxs de otrxs, nos sostenemos y nos celebramos. No emitan juicio ni presuman nada, pregunten ¿cómo puedo ser de apoyo? 

  • A otras mujeres y personas menstruantes…a que rechacen el mito de que el placer nos abandona en este tránsito. Al contrario, nos liberamos de la vergüenza impuesta y nos entregamos a nuevas formas de gozo, de sensualidad, de comunión con nosotras mismas y con quienes elegimos compartir el camino. El placer es nuestro derecho, nuestra medicina y nuestra resistencia. Cada fase, cada sangrado, cada cambio y cada transformación nos pertenece: la vida no se nos divide en partes, la vivimos como un todo que nos fortalece.

Con voz y pisada firme declaramos que nunca más seremos cuerpo sin palabra. Nos inspiramos en las ancestras, quienes transitaron este camino antes que nosotrxs, y abrimos sendas nuevas para quienes vienen después. La revolución también se gesta en nuestras hormonas, en nuestros huesos, en nuestra piel que cambia y permanece. Este es nuestro tiempo. Nuestro cuerpo. Nuestra lucha.

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