*Esta es la sexta entrega de una serie de perfiles que publicaremos en Todas como parte de una alianza con Ruta Crítica, incubadora de proyectos de cine en Puerto Rico. Mujeres del cine boricua es un pódcast y registro en video de mujeres que son o han sido parte de la historia cinematográfica puertorriqueña. El proyecto, con entrevistas a cargo de la cineasta Arleen Cruz-Alicea, busca documentar la memoria y el trabajo de mujeres de distintas generaciones que han asumido distintos roles en el cine de Puerto Rico.
Una gran parte de la trayectoria de Betty Kaplan en la industria del cine ha permitido que se relacione de lleno con la puertorriqueñidad. Su trabajo como directora y guionista la hace ser parte del grupo de mujeres que han aportado al cine boricua, aunque es venezolana americana.
Kaplan, nacida en Nueva York, de padre venezolano y madre estadounidense, llegó a Caracas a sus siete años de edad. Allí se crió y realizó sus primeros estudios universitarios. Luego, viajó a Los Ángeles a estudiar cine en el American Film Institute. Más adelante en su vida adulta, se estableció en Puerto Rico.
“Ya soy boricua. He hecho muchas películas aquí. Hice la de Esmeralda Santiago, Almost a woman (2002), que, a pesar de que no [se rodó] aquí, es boricua. Y luego hice One Hot Summer (2009) aquí completamente. Después hice Simone (2021). Y luego, Dime Detective (2023). Y luego hice I Bird (2024)”, expresa Kaplan en conversación con la cineasta Arleen Cruz.
Desde que tuvo la intención de ser bailarina de ballet durante su temprana adolescencia y le atrajo la posibilidad de convertirse en cantante musical de Broadway, sentía gusto por el storytelling. Pero fue durante sus estudios universitarios en Comunicación que consolidó esa atracción: “cuando hice ese corto me di cuenta que esa era mi ruta, que yo era una contadora de cuentos audiovisuales”, recuerda la directora sobre el momento en que realizó su primer cortometraje como proyecto de tesis de grado.
La abarcadora trayectoria de Betty Kaplan se destaca por realizar adaptaciones al cine de textos literarios. Además de las que ha hecho de novelas de autores puertorriqueños como Esmeralda Santiago y Eduardo Lalo, también es conocida por sus adaptaciones al cine de Doña Bárbara (1998), novela del escritor venezolano Rómulo Gallegos, y de Of Love and Shadows (1994), de la escritora chilena americana Isabel Allende.
Kaplan describe su rol de directora como “un camino de viacrucis para hacer lo que uno realmente quiere hacer. Pero yo lo amo, yo amo contar las historias. Y realmente he peleado por 40 años tratando de hacer las historias latinoamericanas en la forma que deben estar contadas”, dice quien también ha dirigido distintos trabajos para televisión y teatro.
De esa diversidad de trabajos realizados internacionalmente, la idea de repetir filmar en Puerto Rico siempre le ha gustado porque “hay un carácter acá que es mi carácter también; es uno de resolver”, señala. Además, “nosotros realmente tenemos mucha gente con talento”.
Betty Kaplan apunta a que “la falta más grande nuestra es de guion. Necesitamos desarrollar guionistas” y “necesitamos principalmente el apoyo del gobierno en incentivos”.
Continuó diciendo que “lo importante que el gobierno puertorriqueño tiene que saber es que, si no tenemos incentivos, no vamos a poder hacer cine que compita a nivel internacional. Tenemos que tener un seguimiento [gubernamental] ahora porque hemos desarrollado súper actores, súper técnicos, súper productores […] podemos hacer todo aquí y competir internacionalmente […] No pueden esperar que nosotros hagamos una película de 400 mil dólares que compita con películas de 20 millones”, afirma la directora.

“Bad Bunny ha abierto una puerta enorme. El gobierno debe usar esa puerta para apoyar al cine”, aprovechó para comentar en momentos en que el exponente de música urbana ha puesto el nombre de Puerto Rico en el foro internacional.
En la actualidad, Betty Kaplan sigue desarrollando su capacidad creativa. “Estoy con muchas cosas, no paro”, dice. En ese sentido, espera la decisión del maestro Maximiano Valdés, director de la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico, sobre utilizar en la apertura de una de las ediciones del Festival Casals una composición de su coautoría basada en el texto Eva Luna de Isabel Allende. “Si eso pasa, sería la mujer más feliz del mundo”, acota.
También barajea la oportunidad de realizar un documental sobre la historia de la fotografía en Puerto Rico a partir de la obra del fotógrafo puertorriqueño Héctor Méndez Caratini.
La directora agradece sus ganas de continuar creando porque, de paso, sirve de mentora para artistas jóvenes y “está dando trabajo”. “Yo tengo que pagar mi asistente, que la estoy educando para que sea productora. Tengo un fotógrafo y editor, que es joven. Estoy desarrollando un chico de 14 años que hace animación. O sea, es tratar de mover y desarrollar talentos, y de que tengan financiamiento”, concluye.
La periodista Gabriela Ortiz Díaz redactó y recopiló los datos de esta historia.






