Fotos de Ana María Abruña Reyes
Cuando hablamos de justicia reproductiva nos vienen a la mente diversos temas: el aborto, las maternidades dignas, la educación sexual integral… Pero muchas veces dejamos fuera de la conversación un tema que aún genera silencios incómodos y vergüenza.
Un tema que aprendemos a no abordar porque llega con miedo, desconocimiento, con prejuicios.
Se trata de la menopausia. Una experiencia que viven, o van a vivir, todas las personas con útero, incluso en los hogares donde nadie habla del tema.
En este nuevo episodio de La sala de Todas conversamos con Aurinés Torres Sánchez, educadora popular y en salud pública, y fundadora de Aula Comunitaria Puerto Rico.
Desde esa organización, Aurinés, junto a un grupo de aliadas como Rosario “Charo” López y Xiommy Rohena, idearon Fogonazo, un juego y proyecto comunitario para abrir la conversación, romper con esos silencios heredados y empezar a crear comunidad.

Una comunidad que pueda nombrar con tranquilidad, apoyo y seguridad que vive el tránsito menopáusico.
“La realidad es que en el lenguaje común, coloquial, hablamos de menopausia como todo un proceso, como años de experiencia, situaciones que vivimos en ese periodo las personas menstruantes. Pero realmente la menopausia es, en definición biomédica, un solo día, el día en que se cumplieron 12 meses corridos en que tú ya no estás sangrando y eso marca la transición entre una persona que estaba sangrando y una persona que deja de sangrar”.
“Alrededor de ese día hay unas experiencias que se multiplican por años. Pueden ser de seis, ocho, quizás hasta diez años antes y seis o diez años después. Y por eso hablamos de tránsito porque en términos de las experiencias, de qué es lo que está pasando en el cuerpo y lo que tú estás sintiendo, es un tránsito”, explicó Aurinés en entrevista desde Comuna Caribe en Río Piedras, donde Aula Comunitaria ha ofrecido talleres sobre ese transitar.
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Como recuerda la educadora en salud, nuestras abuelas y madres vivieron este proceso en total silencio y desconocimiento, pero una nueva generación está comenzando a nombrarlo porque hay otras formas de vivirlo, que no es únicamente a través del lente biomédico.
“Es importante que podamos entender que esto no se vive de forma individual, aunque tú lo sientes únicamente en tu cuerpo. Lo vivimos de forma colectiva entre tus amistades, entre tus hermanas, entre la familia, aunque sean personas no menstruantes, porque hay unos significados que se le dan ya culturalmente a la experiencia y que se te imponen y que tú también los adopta”, dijo.
Por eso, la menopausia, o ese tránsito, como lo nombran en Aula Comunitaria, no puede quedar fuera de la conversación sobre justicia reproductiva. Este proceso no está exento de todas las violencias que atraviesan las personas menstruantes, y no todas las personas lo atraviesan de la misma manera. Hay muchos factores que inciden en esas vivencias.

“El tránsito menopáusico es parte de todo lo que conlleva la salud sexual y reproductiva. Generalmente, a nivel cultural en nuestra sociedad se tiende a visualizar como que hay algo que finalizó, que sí finalizó porque finalizó tu periodo menstrual, pero muchas veces ese fin se generaliza a otras cosas de la vida, como que ya tú no eres productiva, ya tú no sirves en la sociedad, se asocia con unos valores culturales de deshumanización […] Lo que se vive y cómo se vive el tránsito menopáusico está también cruzado por las mismas violencias que se viven en otras etapas de la vida”, agregó Aurinés.
Un dato que compartió la también profesora en salud pública en el Recinto de Ciencias Médicas es que un estudio publicado en 2024 encontró que solo el 31% de los residentes de ginecología y obstetricia en Estados Unidos reportó que su programa de residencia incluía educación sobre menopausia. Por tanto, cuando la persona que necesita esa atención médica es trans, negra o de comunidades vulnerabilizadas, las violencias se multiplican, pues el desconocimiento y la deshumanización es aún mayor.
Fogonazo
Pero Aula Comunitaria, con su proyecto Fogonazo, está resignificando lo que nunca se nos enseñó. Lo que comenzó como un juego de mesa de la mano de Pueblo Crítico, se ha ido transformando hasta convertirse en una poderosa herramienta que está llegando a diversos rincones de nuestro archipiélago.
“El juego es un tablero y gira alrededor de 26 historias —se trabaja con una historia a la vez—, pero esas historias son representativas de personas en el archipiélago de Puerto Rico transitando la menopausia. Así que hay historias de personas transmasculinas, personas con experiencia carcelaria, personas de zonas rurales, personas de identidades de género y orientación sexual diversas, personas de islas municipios, o sea, historias diversas de personas negras, de personas discapacitada… y la idea es que a través del juego reflexionemos sobre diferentes aspectos socioculturales que puede pasar ese personaje en el contexto de Puerto Rico”.
Lo que sucede en los talleres donde se utiliza esta herramienta es algo poderoso. Hay risas, pero también lágrimas, silencios, movimientos. “Hay muchas cosas que suceden, pero pienso que una de las más importantes es los vínculos que se crean. Algunas de las personas quizás ya se conocen, otras no necesariamente, pero a través de los vínculos que se crean pues se fortalecen las redes”, compartió. También surgen propuestas y hasta manifiestos, como el que crearon varias mujeres de la zona central montañosa del país que participaron de uno de los talleres en Adjuntas.
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Aurinés y sus aliades están creando redes con este proyecto. No las que buscan likes o contenido viral, sino las que construyen esperanza, reconociendo que se puede navegar este cambio de vida sin juicios, en calma, con información, pero sobre todo en compañía de una comunidad.

“Estudios antropológicos han demostrado que en culturas donde la menopausia se visualiza como un tránsito positivo, las personas tienen menos manifestaciones fisiológicas y tienen más oportunidades para poder atender sus necesidades de una forma integral, más sana, más armónica, versus sociedades occidentales, donde hemos recibido ese legado de eurocentrismo sobre lo que es la salud y los cuerpos feminizados, que tienen una mirada que es negativa, no solamente hacia la menopausia, sino al cuerpo que sangra, punto”, destaca.
“Es bien importante sentirnos invitadas e invitados a romper, a examinar nuestra cultura, examinar nuestros valores, pero también a romperlos para crear en colectivo otras formas. Es como cambiar la cultura poco a poco de cómo queremos acercarnos a este tránsito y a esta etapa de la vida”, agregó Aurinés, quien poco a poco está esparciendo “semillitas” para romper con el mutismo social que existe alrededor de un transitar que se debe vivir con plenitud, alegría y libertad.





