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Cathy Vigo pone cuerpo a su propia historia

La artista dirige y protagoniza Desde mi ventana, una pieza de su autoría que retrata cómo el cáncer, la prisión y el estigma social marcan de forma distinta la vida de las mujeres en Puerto Rico

Fotos de Ana María Abruña Reyes

Cathy Vigo Murray tiene una presencia que abraza. Hay algo en ella, en su sonrisa, en esa forma de estar presente, que te hace sentir en comodidad, que te da la bienvenida.

Es una artista en todo el sentido de lo que eso significa en Puerto Rico: actriz, bailarina, maestra, gestora, administradora, diseñadora, productora, directora, dramaturga. En fin, una creadora y hacedora de otros mundos posibles.

Pero Cathy es, además, una mujer comprometida con su país. Como cofundadora de la compañía teatral Agua, Sol y Sereno (ASYS) —que ya cumple 33 años— su oficio ha estado vinculado a diversas causas sociales y políticas de este archipiélago. Si repasamos las historias de luchas en Puerto Rico en las pasadas tres décadas, ahí ha estado ella y el resto del colectivo de ASYS recordando que el arte es político. Donde se pone el cuerpo también es texto.

Eso lo sabe bien Cathy, quien esta vez ha decidido poner el suyo en escena con Desde mi ventana, una pieza de danza teatro que escribió y dirigió. Dice, con esa humildad que también la distingue, que es la primera vez que escribe y dirige sola, sin la compañía de su compañero de vida Pedro Adorno.

“Siempre me da su opinión, pero en realidad la última palabra la tengo yo”, afirma con una sonrisa de satisfacción. El camino ha estado lleno de retos porque cómo se hace espacio para escribir y dirigir cuando se tienen tantos sombreros. La respuesta es el colectivo. Con la ayuda de toda la compañía, Cathy logró darle forma al trabajo más personal de su carrera.

Una carta y una ventana

Desde mi ventana nació en medio del tratamiento de cáncer que enfrentó Cathy hace más de 20 años, inspirada en una carta que una de las hermanas Rodríguez —Lucy y Alicia, exprisioneras políticas puertorriqueñas— le escribió a una excompañera de prisión que, tras un diagnóstico de cáncer terminal, fue excarcelada para que pudiera despedirse de los suyos. En esa carta, una de las hermanas Rodríguez le agradece a esa compañera por haberla animado a salir de prisión, a dar ese paso final, pues cuando se está tanto tiempo encerrada, la libertad también puede ser aterradora.

Cuando Cathy leyó ese escrito trazó la analogía entre el cáncer y la prisión como sentencias que obligan al confinamiento. “Cuando te dan una sentencia, ya sea por una enfermedad o por una acusación, estás confinada a un espacio donde estás básicamente bregando con tus issues más personales, y ahí vi rápido la ventana. Cuando estás en un hospital y tienes una ventana cerca es bien diferente a cuando no la tienes, y lo mismo pasa en la prisión, por las conversaciones que después pude tener con Lucy y con Alicia”, comenta Cathy.

Aunque comenzó a delinear algunas ideas del texto entre el 2006 y el 2010, no fue hasta el 2020 que lo retomó, al percibir muchos paralelismos entre lo que había escrito y lo que se vivía en plena pandemia con el tema del confinamiento.

Tres mujeres, tres sentencias

Algo que permaneció de esas versiones fue la metáfora de la ventana, la cual le sirvió de motor para armar la pieza, que estará en cartelera este viernes, sábado y domingo en el teatro de Agua, Sol y Sereno en Santurce. La obra trata sobre el encuentro de tres amigas que se enfrentan a sus contradicciones y miedos, mientras van sintiendo una profunda libertad del ser. Las tres enfrentan una sentencia: “Marijulia” (Cathy Vigo Murray) con su diagnóstico de cáncer, “Isabel” (Cristina Vives Rodríguez) como presa política y “Sandra” (Alba Taína Ortiz Olivera) con un diagnóstico de sida. La obra también cuenta con las actuaciones de Kenneth Salgado Barreto y Héctor “Quique” Rodríguez, y con el mundo sonoro de la pianista Brenda Hopkins. Es una reflexión acerca de ser mujer, de los dolores, las luchas, la valentía y el tesón de tantas.

“Son historias ficcionalizadas de historias que he vivido desde los noventa para acá, pero también en un contexto real con la historia de Puerto Rico”, sostiene Cathy, haciendo alusión a la excarcelación de los y las prisioneras políticas puertorriqueñas indultadas por el presidente Bill Clinton en la década del noventa, la crisis del sida y su propia vivencia enfrentando el cáncer.

De Bayamón a la cárcel de mujeres

Esta obra ha tenido dos versiones anteriores. Una en el teatro Braulio Castillo en Bayamón —donde estrenó— y otra en la Universidad de Puerto Rico, donde se presentó ante un grupo de estudiantes del Programa de Estudios Universitarios para Personas Confinadas. Luego de ver la obra, varias confinadas tuvieron la oportunidad de expresarse sobre ella, lo que alimentó el texto actual.

“La pieza toca muchos temas, por ejemplo, la maternidad, porque el personaje de la presa, que está embarazada, tiene hijos. Y ese tema particularmente es bien interesante porque cuando hablamos con las estudiantes que estaban privadas de su libertad en ese momento, hablaron de cómo a los varones que están en la cárcel las madres o las compañeras les llevan a sus hijos a las visitas, pero a ellas casi nadie las visita. El trato en la cárcel de mujeres es bien diferente, y todavía ocurre, porque nosotros hemos ido a visitarlas. Se margina mucho más a la mujer y se le castiga en términos sociales mucho más que a un hombre, así que hay cosas que siguen pasando y que no deberían pasar. Y eso también se habla en la pieza, porque son cosas que no se pueden callar, que hay que decirlo, que hay que denunciarlo”.

Autorreflexión sobre el hacer constante

Desde mi ventana, que no cuenta con una dramaturgia lineal y cuyo texto final fue construido en colectivo, ha llevado a Cathy a un proceso de autorreflexión sobre la productividad y sobre ese continuar constante que cargamos las mujeres.

“Yo creo que soy un poquito de todas (las mujeres de las obras), porque soy una workaholic como ‘Marijulia’, que no tiene tiempo ni para enfermarse porque tiene mucho trabajo… En el caso de la presa política, obviamente yo no he estado en la cárcel, pero sí recuerdo estar en Vieques y estar dispuesta, con mis hijas pequeñas, a coger cárcel. He estado en muchas luchas”.

¿A qué reflexiones te ha llevado esta pieza en este momento de tu vida?

Pues ahora soy abuela, estoy encargándome de mi mamá, mi hermana se acaba de accidentar y está ahora mismo confinada a una cama… Entonces, cada vez que presento esta pieza pasan situaciones bien fuertes que me marcan a mí y que me hacen pensar por qué estamos aquí, por qué hacemos las cosas.

Así pasó, por ejemplo, después del estreno en el teatro Braulio Castillo en Bayamón, cuando, al terminar la pieza, Brenda Hopkins le informó al grupo que estaba atravesando por un diagnóstico de cáncer. “Recuerdo que fue como un baño de agua fría para todo el mundo”, rememora Cathy. “Obviamente, la abrazamos y le dijimos por qué había esperado tanto en decirnos una noticia tan difícil. Y ella dijo: ‘bueno, por algo yo estoy aquí, ustedes me han ayudado a recorrer este camino’”.

“Por eso, no importa que vengan tres personas a la obra, que se vaya la luz, como pasó la semana pasada, esta pieza es tan poderosa porque mueve mucho la energía y yo creo en eso, en que se mueva la energía, en que no se quede estática, que no se quede en un solo lado, eso es lo que resuena en mí de la pieza”.

¿Cómo ha sido sostener y continuar un proyecto como Agua, Sol y Sereno con tantos sombreros a la vez?

Mis hijas me preguntan eso y yo a veces no sé ni cómo contestarles porque en realidad no me cuestiono cómo hacerlo, simplemente lo hago. Parece que nací con mucha energía y tengo para compartirla. Son proyectos que a mí me mueven todo. Yo creo que es parte de mi ser porque no puedo hacer una sola cosa, tengo que hacer muchas, y me divierte. Siento que estoy en este planeta por algo más que solamente ser yo, así que no me lo cuestiono tanto.

¿Y vamos a seguir viendo a Cathy más en escena, como directora, dramaturga…?

Ha sido un reto hacer esta pieza, sacar tiempo para escribirla, pero también ha habido algo de confiar en que uno ya tiene la capacidad de hacerlo, que tiene un expertise. Quizás yo no soy la dramaturga, pero sí tengo una experiencia que puedo poner en escena. Además, tengo un colectivo muy rico, muy diverso, no solo en generación sino en propuestas, que ayuda muchísimo. Así que sí, yo creo que sí, que puedo, que estoy lista para hacer otras cosas.

Desde mi ventana se presenta este viernes 18, sábado 19 y domingo 20 de septiembre en el teatro de Agua, Sol y Sereno, en Santurce. Los boletos están a la venta en prtickets.com.

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