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De Lisa M a Young Miko: el reguetón como espejo del deseo femenino

Desde que Lisa M rompió el silencio en 1988 hasta las narrativas de Villano Antillano y Young Miko, el reguetón ha sido también un escenario donde se ha negociado el lugar de las mujeres como sujetos de deseo, consentimiento y placer. Este recorrido revisa, desde la sexología, cómo distintas artistas fueron ampliando ese espacio.

Lisa M, la pionera del reguetón

Lisa M, con apenas 14 años, fue la primera mujer en abrirse paso en el rap y el reggae en español en 1988. Su sola presencia rompía la idea de que la música urbana era un espacio exclusivamente masculino. Antes de hablar de deseo, consentimiento o placer, era necesario algo mucho más básico, que las mujeres fueran visibles dentro del género.

Desde la sexología, este proceso tiene profundas implicaciones. La construcción de la identidad sexual no depende únicamente de las experiencias íntimas de cada persona, sino también de los modelos culturales disponibles para identificarse. La teoría de los sexual self-schemas plantea que desarrollamos nuestro autoconcepto sexual a partir de las experiencias que vivimos y de los referentes que observamos en nuestro entorno. En otras palabras, aprendemos quiénes podemos ser como seres sexuales observando quiénes ocupan los espacios culturales que consumimos.

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Ivy Queen, la reina del reguetón

Si Lisa M abrió la puerta para que las mujeres ocuparan un lugar dentro del reguetón, Ivy Queen transformó el contenido de esa presencia. Desde su debut en la década de 1990, construyó una figura artística que desafiaba los modelos tradicionales de feminidad dentro de la música urbana. En una industria donde las mujeres eran representadas con frecuencia como objeto del deseo masculino, Ivy comenzó a posicionarlas como sujetos con voz, poder de decisión y autonomía sexual.

Uno de los ejemplos más emblemáticos es Quiero bailar (2003). En una de sus líneas más conocidas canta, “Yo quiero bailar, tú quieres sudar… pero eso no quiere decir que pa’ la cama voy”. Hoy esta frase puede parecer sencilla, pero en su contexto fue profundamente disruptiva. Ivy cuestionó un guion sexual ampliamente normalizado, la creencia de que una mujer que baila de forma sensual, coquetea o expresa deseo está otorgando automáticamente consentimiento para mantener relaciones sexuales.

Desde la teoría de los Guiones Sexuales de John Gagnon y William Simon, las personas aprendemos, a través de la cultura, reglas implícitas sobre cómo “debe” funcionar la sexualidad, quién toma la iniciativa, quién pone límites, quién tiene derecho a desear y cómo deben interpretarse determinadas conductas. Durante mucho tiempo, uno de esos guiones sostuvo que la expresión del deseo femenino implicaba una disponibilidad sexual permanente. Ivy Queen rompe ese libreto. Separa por primera vez, de forma tan explícita dentro del reguetón, el deseo del consentimiento.

Desde la sexología, Quiero bailar representa mucho más que una conversación sobre consentimiento. También constituye una expresión de agencia sexual, entendida como la capacidad de expresar el propio deseo, comunicar límites, negociar las prácticas sexuales y decidir libremente cuándo, cómo y con quién vivir la sexualidad. La agencia sexual reconoce que una persona puede disfrutar del coqueteo, del baile o de la tensión erótica sin que ello implique una obligación de continuar hacia una relación sexual.

Este mensaje también dialoga con el concepto de autoeficacia sexual (sexual self-efficacy), que hace referencia a la confianza que tiene una persona para expresar sus deseos, defender sus límites y tomar decisiones coherentes con sus propios valores y necesidades sexuales. La investigación ha mostrado que una mayor autoeficacia sexual se asocia con una mejor comunicación en las relaciones, mayor satisfacción sexual y una mayor capacidad para ejercer el consentimiento de manera libre e informada.

En ese sentido, Quiero bailar no solo modificó el discurso del reguetón; también ofreció un modelo distinto de feminidad y sexualidad. Ivy Queen mostró que una mujer podía ser sensual sin renunciar a su autonomía, expresar deseo sin perder el derecho a cambiar de opinión y disfrutar de su cuerpo sin que este dejara de pertenecerle. Desde una mirada sexológica, esa representación amplía los referentes disponibles para construir una identidad sexual basada en la autonomía, el placer y el consentimiento.

Más de veinte años después de su lanzamiento, Quiero bailar continúa siendo una referencia obligada cuando hablamos de consentimiento en la música urbana, no solo porque desafió una idea profundamente arraigada sobre la sexualidad femenina, sino porque abrió el camino para que otras artistas ampliaran la conversación hacia nuevos territorios, el cuerpo, el placer, la identidad de género y la diversidad del deseo.

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Glory, la voz femenina del reguetón

Con Glory aparece otra transformación importante, la canción La popola. Este tema convirtió la anatomía genital femenina en parte del lenguaje cotidiano del reguetón. Tuvo un efecto cultural difícil de ignorar. Puso el cuerpo femenino y sus prácticas sexuales en el centro de la conversación dentro de un género donde históricamente eran los hombres quienes hablaban sobre el cuerpo de las mujeres.

Una de las frases más comentadas de la canción es: “Dale por allá pa’ que descanse la popola”. Esta línea hace referencia al sexo anal como una alternativa a la penetración vaginal. Desde la sexología, resulta interesante porque visibiliza una práctica sexual que aún hoy día sigue siendo tabú, especialmente cuando es mencionada por una mujer. Aunque la frase se presenta en un tono humorístico y provocador, evidencia que el repertorio de prácticas sexuales que comenzaban a aparecer en el reguetón ya no se limitaba únicamente al coito vaginal.

Sin embargo, esta referencia también invita a una conversación más amplia. Desde la sexología sabemos que ninguna práctica sexual es inherentemente placentera o se ajusta a las necesidades de cada persona. El sexo anal puede formar parte de una vida sexual saludable cuando existe consentimiento, deseo compartido, comunicación, preparación y el uso de lubricación adecuada. También sabemos que no debe asumirse como una obligación, una “alternativa” para proteger la vagina ni una práctica que deba realizarse para satisfacer las expectativas de otra persona.

El concepto de erotic plasticity (plasticidad erótica) del psicólogo Roy Baumeister plantea que la sexualidad humana está influenciada por factores biológicos, pero también por normas culturales y aprendizajes. La música, las películas y otros productos culturales pueden ampliar el repertorio de lo que las personas consideran posible o imaginable dentro de su vida sexual. La canción no provoca que las personas practiquen sexo anal, pero sí contribuye a ampliar el imaginario cultural sobre las prácticas sexuales que pueden ser nombradas y discutidas. En ese sentido, Glory contribuyó a romper parte del silencio que históricamente rodeaba las conversaciones sobre el cuerpo y las prácticas sexuales femeninas.

Nombrar el cuerpo y hablar de sexualidad no garantiza, por sí solo, una sexualidad libre o equitativa. Pero sí representa un paso importante hacia una cultura donde las prácticas sexuales pueden discutirse desde la información, el consentimiento y el bienestar, en lugar del tabú y el silencio.

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Jenny “La Sexy Voz”

Después de que artistas como Lisa M abrieran camino y de que Ivy Queen y Glory comenzaran a transformar los discursos sobre el deseo, el cuerpo y la autonomía, figuras como Jenny “La Sexy Voz” contribuyeron a consolidar la presencia femenina dentro del reguetón. Su carrera representa un momento importante porque demuestra que las mujeres podían mantenerse activas dentro del género y no ser únicamente colaboraciones ocasionales o excepciones. Desde la psicología social, la repetición de referentes femeninos modifica las normas percibidas sobre quién pertenece a determinado espacio. La representación deja de ser anecdótica para convertirse en parte del paisaje cultural.

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Villano Antillano

Con Villano Antillano ya no solo se amplía la representación femenina, sino que también se amplían las posibilidades de la identidad de género dentro del reguetón. Como una de las primeras mujeres trans en alcanzar reconocimiento internacional dentro del género, su presencia cuestiona la idea de que únicamente las personas cisgénero pueden ocupar el lugar de sujetos deseantes y deseables. Su éxito demuestra que las personas trans no tienen por qué quedar confinadas a narrativas de sufrimiento o exclusión; también pueden ocupar espacios de poder, sensualidad, ambición y deseo.

Esta transformación dialoga con la teoría de la performatividad del género de Judith Butler, quien plantea que el género no es una esencia fija, sino una construcción que se produce y negocia continuamente a través de nuestras acciones, expresiones y relaciones sociales. La presencia de Villano en un género históricamente asociado con la masculinidad hegemónica pone en evidencia que las categorías tradicionales sobre quién puede encarnar la feminidad, el deseo y el poder no son inmutables, sino profundamente culturales.

Desde la sexología, la representación tiene un impacto que va más allá de la visibilidad. Durante décadas, gran parte de las representaciones mediáticas de las personas trans han estado centradas en la discriminación, la violencia o la marginalización. Aunque estas experiencias forman parte de muchas realidades, cuando son las únicas narrativas disponibles también limitan las posibilidades desde las cuales las personas pueden imaginar su propia identidad sexual.

Villano Antillano introduce una narrativa distinta, la de una mujer trans que también experimenta deseo, disfruta del placer, ejerce agencia sexual y es vista como un sujeto atractivo. Esto resulta especialmente significativo porque la investigación en sexología ha mostrado que la representación positiva contribuye a fortalecer la autoestima sexual y la identidad sexual al ampliar los modelos de identificación disponibles.

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Young Miko

Young Miko representa otra transformación. Con canciones como Lisa, el deseo entre mujeres deja de ocupar un lugar marginal para convertirse en el centro de la narrativa. A diferencia de muchas representaciones históricas de las relaciones entre mujeres en la cultura popular —frecuentemente construidas para la mirada masculina—, Young Miko canta desde su propia experiencia como mujer lesbiana. El sujeto que desea ya no es un hombre observando a una mujer; es una mujer nombrando su propia atracción hacia otra mujer. Esa diferencia puede parecer sutil, pero transforma profundamente el lugar desde donde se construye el deseo.

Desde la sexología sabemos que la representación también contribuye a la construcción de la autoestima y la identidad sexual. Los modelos de sexual self-schema proponen que desarrollamos parte de nuestro autoconcepto sexual a partir de los referentes culturales disponibles. Cuando una joven lesbiana, bisexual o una persona que está cuestionando su orientación sexual encuentra artistas que viven y expresan abiertamente su deseo sin convertirlo en un espectáculo para la validación masculina, aumentan las posibilidades de construir una relación más positiva con su propia identidad y con su derecho al placer.

El modelo circular de Rosemary Basson recuerda que el deseo no depende únicamente de procesos biológicos; también está influido por factores psicológicos y socioculturales. Sentirse representada, validada y reconocida puede convertirse en un contexto que favorezca una vivencia más positiva de la sexualidad. En ese sentido, la importancia de Young Miko trasciende la música y amplía las narrativas desde las cuales muchas personas pueden imaginar, comprender y expresar su propio deseo.

Young Miko normaliza que una mujer pueda ocupar el lugar de quien desea, seduce y narra la historia.

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