*Esta es la quinta entrega de una serie de perfiles que publicaremos en Todas como parte de una alianza con Ruta Crítica, incubadora de proyectos de cine en Puerto Rico. Mujeres del cine boricua es un pódcast y registro en video de mujeres que son o han sido parte de la historia cinematográfica puertorriqueña. El proyecto, con entrevistas a cargo de la cineasta Arleen Cruz-Alicea, busca documentar la memoria y el trabajo de mujeres de distintas generaciones que han asumido distintos roles en el cine de Puerto Rico.
Fotos suministradas por Ruta Crítica
La cineasta puertorriqueña Inés Mongil es consciente de que su crecimiento en el área de producción de cine “se dio por necesidad”. Tanto en los 1980, época en la que se iniciaba en ese campo, como en el presente, su rol de madre ha estado muy presente. “En esa etapa estaba criando a mis hijos, tenía un apoyo limitado de una pareja y recaía prácticamente toda la carga en mí. El trabajo de producción era lo que me permitía tener constantes ingresos. En ese sentido, eso me fue alejando del trabajo creativo”, recuerda en entrevista con la cineasta Arleen Cruz.
En la actualidad, agradece que “naturalmente se me empezó a dar de una forma positiva la producción”, aunque reconoce que siempre aceptó trabajar en los proyectos de producción pensando en la estabilidad y seguridad económica para criar a sus hijos Camila, Gabriel y Francisco. Por esa razón, puso en pausa el trabajo creativo, más ligado a las funciones de la dirección de cine y de la creación de guiones. A sus 62 años vividos, y con una carrera profesional de cuatro décadas, es ahora cuando comienza a moverse en la dirección que siempre han dictado sus inquietudes e intereses, pues se ha lanzado a desarrollar su ópera prima como directora y guionista, la película Los vapores de sor Emilia, basada en la trilogía de novelas homónima del escritor puertorriqueño Francisco Velázquez.
También en la actualidad, continúa obrando en el compromiso de vida que es para ella la maternidad. El apoyo a cineastas locales más jóvenes cobra un sentido especial para Inés Mongil, dado que sus tres hijos se encaminan en la industria cinematográfica. “Camila está trabajando mucho conmigo en los proyectos en producción. Esa parte de abrazarla y de guiarla con mi experiencia, que yo creo que ha sido bien positiva, es parte de mi compromiso de vida”, comparte. “Francisco está trabajando con luces y a Gabriel le interesa la parte gráfica del cine”, comparte.
A propósito de la estrechez entre su trayectoria cinematográfica y los asuntos familiares, Mongil recuerda que su primera experiencia con el rodaje de una película la tuvo con siete meses de embarazo de su hijo Gabriel. De ese momento, lamenta haber vivido dinámicas de trabajo en las que no se reconocía la maternidad. “Me frustró bastante porque yo veía que a veces algunos compañeros varones tenían las puertas abiertas y a nosotras nos cerraban las puertas”, comenta.
Además, lamenta que, tanto en los ochenta como ahora, sigue la falta de mujeres en la dirección cinematográfica. “Todavía hoy la mayoría de la gente que está a cargo de producción son mujeres, no están en dirección…Yo entiendo que nosotras somos súper organizadas, multitask, que tenemos buena dinámica con la gente y que somos buenas en la cuestión financiera, pero también somos creativas. No es hasta hace poco que empiezan a surgir más espacios para que mujeres trabajen el aspecto creativo”, establece la cineasta.

Recuperación del legado cinematográfico de Puerto Rico
Inés Mongil tiene una vasta preparación académica e intelectual que le hace dominar la teoría, historia y el lenguaje cinematográfico. Luego de obtener un bachillerato en Humanidades en la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras, realizó estudios graduados en el Departamento de Cinema Studies de New York University, enfocándose en el aspecto académico de los estudios cinematográficos, con especial atención en el estudio del documental como género, del cine soviético y del surrealismo francés de los años 20.
Es como parte del trabajo de maestría que comienza a estudiar e investigar el cine producido en Puerto Rico por el gobierno durante los años 1947-1968 con el fin de provocar cambios sociales y adelantar el plan de desarrollo Manos a la Obra. En esa investigación, descubrió la ubicación de los negativos originales de más de 100 películas cuyo paradero era desconocido y así se logró la recuperación del legado cinematográfico más importante de la historia fílmica de Puerto Rico y se creó el Archivo de Imágenes en Movimiento, “colección importantísima que requiere mucho cuidado y que actualmente está en bastante olvido por parte de las agencias gubernamentales”, declara Mongil.
“Yo me siento súper orgullosa de eso (de la recuperación del material fílmico) y a veces yo digo ‘contra, ese trabajo fue bien importante y a lo mejor si nosotros no hubiéramos hecho esa investigación, ese material se hubiera quedado perdido o quién sabe lo que hubiera pasado’”.

Su trayectoria en el cine internacional
Inés Mongil recuerda que, al regresar a Puerto Rico después de estudiar en Nueva York, “yo lo que quería era estar en el set, trabajar en cine y hacer lo que pudiera para seguir creciendo y aprendiendo”.
Esos deseos fueron el motor para que Mongil desarrollara una carrera fructífera en la industria del cine internacional. Como gerente de producción, coordinadora de producción, asistente de dirección y productora de línea ha participado en numerosas producciones, incluyendo películas y series para Netflix, varios documentales europeos y videos musicales de artistas como Draco Rosa y la banda Calle 13. Además, ha realizado innumerables comerciales publicitarios y producciones de noticieros y documentales para Telemundo, Teleonce y Univisión Puerto Rico.
Sus experiencias con la producción de cine extranjero le han permitido conocer de cerca el modelo industrial cinematográfico, aspecto que considera importante para los cineastas del patio porque, según plantea en referencia al desarrollo del cine puertorriqueño, conocer otra manera de producir “nos va a facilitar hacer nuestras cosas”. Las oportunidades laborales con producciones internacionales, particularmente con las norteamericanas, también le han permitido confirmar que el cine es una herramienta para promocionar ideologías políticas. Por eso, “trato siempre de vincularme con productores independientes que estén haciendo cosas dentro del mainstream, tratando de hacer cambios desde adentro”.
“Yo soy Lolita Lebrón”
“Desde niña, a mí me fascinaba el cine y me parecían maravillosas las imágenes y lo que me proyectaban”, rememora. Tras 40 años de carrera profesional, continúa su admiración por el cine y por lo que pueden transmitir las imágenes. Tanto así que, ahora más que en otros momentos de su trayectoria, tiene un compromiso con proyectos como el documental Yo soy Lolita Lebrón, que tiene en desarrollo desde 2019.
En proyectos como ese es que “quiero meter toda mi energía, sin pensar, como he hecho hasta ahora, que es para ganar dinero. Es un proyecto para ganar paz mental y para ganar un impulso y un impacto social”, aspectos que considera responsabilidad del trabajo de los y las cineastas.
La periodista Gabriela Ortiz Díaz redactó y recopiló los datos de esta historia.





