Fotos de Ana María Abruña Reyes
Hay distancias que desafían todos los pronósticos. Que se empeñan en la cercanía del encuentro a pesar de los pesares. Distancias que insisten, que conectan, que hacen de ese trecho el lugar de lo posible.
Kairiana Núñez Santaliz y Rojo Robles conocen ese espacio. Durante 16 años, esta dupla de artistas puertorriqueños ha colaborado a distancia, desde Puerto Rico, Argentina y Nueva York, alargando y achicando fronteras como solo el arte sabe hacerlo.
Se conocieron de adolescentes, cuando coincidieron en los proyectos teatrales de maestros como Maritza Pérez Otero y Pedro Santaliz, pero se hicieron amigos en la Universidad de Puerto Rico, en Río Piedras, a inicios de los dos miles, en aquel maravilloso Teatro Rodante Experimental de Rosa Luisa Márquez. Así fueron tramando complicidades y afectos.
Cuando tocó partir, ella para Argentina y él para Nueva York, no hubo dudas de que aquel hilo narrativo que habían construido desde la palabra y el cuerpo, desde la interpretación, seguiría uniéndolos.
“Cada vez que había un proyecto que me convocara a mí, inevitablemente iba a estar Rojo porque ya yo sabía que él podía traducirme, que había un entendimiento mayor, desde el pensamiento, desde lo ideológico y el humor”, contó Kairiana otra tarde sin lluvia desde el taller de Agua, Sol y Sereno, en Santurce, mientras Rojo la escuchaba, atento, como saben los buenos amigos.

Esa colaboración que comenzó a distancia en el 2010 ha continuado hasta hoy. Este pasado jueves, 13 de agosto, estrenaron Larga distancia, una pieza multimedia, concebida desde el minimalismo del teatro pobre, que presenta una competencia de storytellers, donde tres personajes, todos interpretados por Kairiana, esperan ser juzgados por un jurado invisible que decidirá sobre sus cuentos y sus vidas.
Esta obra, que se presentará hasta el domingo, 16 de agosto, en el teatro de Agua, Sol y Sereno, en Santurce, los une en una relación más directa en escena, algo que no ocurría desde el 2009.
“Por estar viviendo en lugares diferentes, pues yo escribía, le mandaba el texto, pero ultimadamente Kairi dirigía y yo estaba un poco fuera de la ecuación escénica. Entonces, en esta ocasión, decidimos cambiar esa ecuación, tanto a nivel del alcance de la pieza, pero también a nivel de volver a trabajar escénicamente juntos”, destacó Rojo.

Larga distancia es una pieza que han ido construyendo desde el 2023, cuando comenzaron a explorar y reflexionar sobre esa constante brega de los artistas: las becas, las propuestas, los fondos. En fin, sobre la situación precaria que les atraviesa, pero también sobre ese sistema que les obliga a narrarse una y otra vez, en un generar de ideas continuo, para ver si eres elegido o no, como dijo Kairiana.
De ahí surgió la idea de un concurso de cuentacuentos, donde tres personas y presencias, incluyendo a la propia Kairiana, se encontrarán en la gran final del certamen, donde se determinará qué historias pueden contarse y cuáles serán rechazadas.
“Fue el modo de coger todos estos discursos nuestros, preguntas, metáforas, para hablar de qué se cuenta y quién cuenta… Entonces, pensamos en una competencia, como un maratón de storytellers, como estos reality shows que están ahora bien en boga… Pues queríamos joder con eso y ver cómo metíamos todas estas preocupaciones en algo así, tan controlado, tan heavy, tan ostentoso, tan codificado, viralizado, como medio amarillista, porque hay como una cosa de sacar las vísceras de la gente en vivo… Nos pareció que podía ser un reto chulo y divertido”, compartió Kairiana sobre la obra, la cual visibiliza los mecanismos de control, la censura y la precariedad que atraviesan los cuerpos y las narrativas en Puerto Rico y su diáspora.
Teatro pobre
Cuando comenzaron a escribir la pieza, y ponerle el cuerpo, ambos artistas sabían que uno de los temas centrales de la obra sería, precisamente, la precariedad en la que viven como puertorriqueñes. Pero lo querían hacer desde un lugar en el que también pudieran explorar esos sueños y visiones de otros mundos y tiempos posibles, y de cómo muchas veces estos quedan aplazados. Por eso, optaron por una estética minimalista, tomada del teatro pobre de Pedrito Santaliz, y no tanto del concepto europeo de Grotowski.
“Nos pareció un poquito ridículo que, para muchos europeos, la opción de ser minimalista o de trabajar con lo mínimo en la escena es una opción más estética que una realidad vivencial. Para nosotros como puertorriqueñes y caribeñes, pues es el día a día, la brega constante… Es como quién tiene más potestad de hablar del teatro pobre que alguien que vive esa realidad”, expuso Rojo.
Kairiana agregó que la idea de sostener esa estética minimal fue una decisión política, para decir que, a pesar de lo mínimo, siguen aquí. Rojo aclaró que no se trata de una celebración de resiliencia, sino más bien de “una actitud beligerante de estar a pesar de que todo está situado de una manera para que no estemos”.

En la pieza, Kairiana no solo dirige e interpreta, sino que también es, ella misma, uno de los personajes. A su lado, en el cuento colectivo, aparecen personajes cuir y personajes que viven fuera del área metropolitana. Larga distancia es, insisten ambos, una obra profundamente puertorriqueña, hecha de realidades muy nuestras que no siempre caben dentro de los límites de San Juan.
La obra aborda una diversidad de temas como el abuso policial, las migraciones, la condición colonial y las situaciones de salud emocional, a través de personajes como Milton Rodríguez de Bambú y Sandra Eneida, una educadora de las artes, poeta, que también da clases de baile y trabaja como masajista. Todos ellos tejidos desde el cuerpo múltiple de Kairiana. “Es una cosa esquizofrénica”, dijo la actriz, para describir ese pluriproceso interpretativo.
Aunque la obra está enmarcada en una competencia, los personajes no rivalizan entre sí, sino todo lo contrario. “Las fricciones son con el sistema y el mecanismo que controla el contar. No es entre los cuenteros, el conflicto no tiene que ver con ellos. Al contrario, se respetan y se apoyan”, señaló Rojo.

La carrera
Larga distancia expone, además, esa carrera sin fin que tienen que recorrer los artistas para narrarse, para justificar su existencia ante un sistema que exige rendimiento constante a cambio de migajas.
“Yo amo lo que hago, el lugar donde me encuentro, el oficio que elijo, y tengo la fortuna y el privilegio de hablar de lo que quiero hablar, pero ciertamente, cada vez que crezco me doy cuenta que no estoy pudiendo vivir dignamente a pesar de que ame lo que hago. Entonces, eso es difícil de tragar”, compartió Kairiana, a quien la obra le toca viejas heridas.
La esperanza, como afirmó, es saber que no está sola, que hay toda una comunidad que comparte situaciones similares y que se sostiene. “Siento la herida que me está atravesando, pero a la misma vez siento el alivio de la comunidad, de la solidaridad”, agregó.
Esa dualidad, entre la herida y el alivio, se hizo carne durante el propio proceso de producción de la obra. La pieza originalmente se presentaría en el teatro Julia de Burgos, en la Universidad de Puerto Rico, un espacio con el que ambos artistas guardan un cariño particular. Sin embargo, la crisis de agua que atraviesa el país obligó a cancelar esas funciones.
“Eso fue duro, porque ese era un teatro que le tenemos mucho cariño, y había algo muy simbólico de regresar al Julia de Burgos con el teatro y lo que representa para nosotros, y devolverle eso a la IUPI. Así que eso está en hold”, contó Kairiana. “Pero más allá de esos altercados, que no eran del control del Departamento de Drama, sino que excedían, más allá de eso, todo ha sido de ayudarnos, de qué necesitan”, relató.

Un ejemplo es el teatro de Agua, Sol y Sereno, compañía de teatreros maestros y amigos, que inmediatamente puso el espacio a su disposición. De igual forma pasó cuando no tenían dónde ensayar y un amigo les prestó un espacio en la Universidad del Sagrado Corazón.
Larga distancia ha sido una obra de esas solidaridades que sostienen incluso cuando todo parece desvanecerse.
“Saber que nos tenemos, que las distancias, dentro de todo, se acorten, se achiquen, cuando nos sabemos, y que estamos más accesibles de lo que creemos, y que uno con solo decir y pedir, van a volcarse los afectos. Eso ha sido lo más impresionante y maravilloso”, expresó Kairiana.
Y es que a veces solo basta detenerse, escuchar y apoyarse. A veces no se trata de llegar a la meta, sino de encontrarse en el camino, aunque la distancia sea larga.
Las funciones de Larga distancia continúan este sábado y domingo, a las 3:00 p.m. y a las 7:00 p.m., en el teatro de Agua, Sol y Sereno, en la Avenida Las Palmas 1106, en Santurce. La entrada es por donativo.
La pieza cuenta con el trabajo de Pedro Iván Bonilla, Yasiri Castro, Ryan Pérez Hicks, Alicia Vega, el equipo de Agua, Sol y Sereno, Adrián Desardén, Natalie Anaya Luna, Marcos Toledo, Oswaldo Colón, Christopher Romero y Daniela Colón.
La producción se logró con el apoyo de la Puerto Rican Arts Initiative (PRAI), la Mellon Foundation, Caborca Theater, La Goyco y La Rosario Proyectos, entre otras organizaciones aliadas.





