Fotos de Ana María Abruña Reyes
Los imaginarios de las maternidades abundan. Basta recorrer la sección de tarjetas en una farmacia durante la semana cercana al Día de las Madres para reconocer que existe una romantización alrededor de la maternidad.
Se nos vende un solo tipo de maternidad: la maternidad feliz, organizada, planificada. La maternidad de madre con niño en el regazo, sonriente. Pero nada de eso se parece a la maternidad que se vive, sobre todo en una colonia como Puerto Rico, donde ser madre viene acompañado de muchas capas de violencias.
No todas las maternidades son iguales y no todas se viven de la misma manera. Sobre todo, cuando se trata de mujeres y personas gestantes negras. “Sabemos que hay unos prejuicios y sabemos los resultados, las estadísticas de maternidad (están ahí) y el que quiera ver, que vea. Tú sumas los prejuicios a esos resultados y te puedes imaginar lo que pasa entre medio, un descuido total; de que tengo dolor, de que voy a parir, y no te hacen caso”.
“Las mujeres negras nunca dejan de ser hipersexualizadas, hasta cuando están embarazadas, incluso cuando están embarazadas, o más cuando están embarazadas, y aquí la violencia obstétrica es increíble. Yo creo que todas hemos sufrido violencia obstétrica; más tenues, más difícil, más evidente. Pero la realidad es que los cuerpos de mujeres negras son criminalizados de manera bien diversa”.
Lo dice Mayra Díaz Torres, activista afrofeminista y codirectora de Colectivo Ilé, organización antirracista y decolonial que lleva más de 30 años educando para lograr erradicar el racismo en todas sus manifestaciones. Desde esa organización Mayra, junto a un grupo diverso de mujeres y personas negras, se ha dado a la tarea de poner en el centro una conversación que ha estado en los márgenes por demasiado tiempo: las afromaternidades.

Mayra Díaz Torres, codirectora de Colectivo Ilé. (Foto de Ana María Abruña Reyes)
Afromaternar
Sobre este tema nos sentamos a conversar con ella y con Kimberly Figueroa Calderón, también codirectora de Colectivo Ilé, quien al momento de esta entrevista tenía 30 semanas de embarazo, en este nuevo episodio de La sala de Todas.
El diálogo se llevó a cabo desde nuestra redacción en Río Piedras, donde entre reflexiones, tristeza, rabia, anécdotas dolorosas y sanadoras, y también risas, hablamos de esas múltiples violencias que viven las mujeres y personas negras en Puerto Rico que deciden gestar. Y de cómo las enfrentan.
“Afromaternar es maternar en unas condiciones particulares, dentro de un estado racista, dentro de un estado clasista, dentro de un régimen patriarcal, dentro de un régimen colonial. Maternar en la colonia es un contexto muy particular”, explicó Mayra sobre ese término que no solo tiene que ver con la gestación, sino también con cuidar en comunidad.
“Nuestra cultura puertorriqueña y caribeña es así, nosotras nos maternamos unas a otras y a veces el maternar se ve también como que ‘mira, me sobró esto’, o ‘mira, te dejé comida’. Tú sabes, eso también es maternar […] Y es reconocer eso como el centro de la conversación y que no hay ninguna otra manera de que vayamos a sobrevivir la maternidad si no es acompañándonos”, compartió Kimberly, quien reiteró que las afromaternidades no se deben ver como una excepción, sino como el núcleo, pues la mayoría de las personas en este archipiélago son racializadas como personas negras.
“Ahí es donde tiene que ir la conversación”, agregó.
Violencias antes, durante y después del embarazo
Una de las constantes que enfrentan las mujeres y personas gestantes negras es la continua negación, no solo de los servicios ginecológicos obstetras —que se encuentran en crisis en el país—, sino también de sus dolores, de sus emociones, de sus derechos.
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“Hay unos prejuicios implícitos en la medicina que no lo decimos nosotras, están ahí, investigaciones de universidades súper de renombre, de que tanto enfermeras como recepcionistas, como médicos, como obstetras, como anestesiólogos, tienen unos prejuicios sobre los cuerpos negros. De que sienten menos dolor, de que no necesariamente tienen un conocimiento sobre su cuerpo que yo debo confiar… Que son personas de poca educación, que son personas que no leen, son personas que no saben. Entonces hay una mezcla de una situación paternalista, pero muy prejuiciada que se ve claramente reflejada en las violencias obstétricas, en la mortalidad de madres negras en los últimos diez años que se ha disparado”, apuntó Mayra.
En Estados Unidos, las mujeres negras experimentan una tasa de 49.5 muertes por cada 100,000 nacimientos, una cifra casi tres veces mayor que las de las mujeres blancas. Sin hablar de las cesáreas, que en Puerto Rico son superiores al 50%, una de las tasas más altas en el mundo. Según reportó Afroféminas las madres negras tienen más probabilidades que otras de ser sometidas a cesáreas innecesarias.
“Tú necesitas una persona que abogue por tu vida. Es así… Si no hay una persona que te defienda, tus posibilidades de morir son bien reales en un parto. Y a mí me da una rabia increíble porque las muertes de estas madres son prevenibles. Entonces, de nuevo, ahí entra la capa racista de que la vida de estas mujeres negras vale menos que las demás. Y está bien que se mueran las que se mueran, les echamos la culpa, decimos que no, que no se alimentaron bien, decimos que no descansaron, decimos que pusieron en riesgo su embarazo y pues murieron por sus decisiones cuando realmente no, cuando es un sistema violento que las lleva al límite de la muerte”, expuso Mayra.
Y para las que sobreviven, luego viene la crianza y todo lo que conlleva: los prejuicios, la criminalización, la sexualización, en fin, más violencia. “Yo voy a lanzar al mundo a una niña negra que va a tener probablemente mi complexión, probablemente tenga mi color, probablemente tenga mi cabello y cómo ya yo tengo que desarrollar códigos con la muchacha para que la gente no me la mire mal a nivel de esos miedos, y todavía no ha salido. Y eso, ciertamente, crea una fatiga mental, emocional, que tú dices, esta persona yo no sé ni cómo va a salir, y yo ya la estoy condicionando de cómo debe comportarse. Y eso no sale de un vacío, eso sale de una experiencia de vida, pero también sale de un sistema que te dice que tú tienes que estar por la línea todo el tiempo”, apuntó Kimberly, para enseguida señalar que en el caso de mujeres negras y migrantes, el escenario es aún peor y mucho más complejo.

Kimberly Figueroa Calderón, codirectora de Colectivo Ilé. (Foto de Ana María Abruña Reyes)
El acompañamiento como sanación
Ese agotamiento mental del que habla Kimberly está presente durante, antes y después del embarazo. Y los discursos de autocuidado no ayudan, sino que suman una capa de presión adicional, pues parten desde un privilegio lejano para la mayoría. Lo que sí ha sido de mucha ayuda para navegar estas múltiples violencias es el acompañamiento, como los que se promueven desde la propuesta Afromaternar en Dignidad de Colectivo Ilé, que incluye, entre otras cosas, un junte de saberes antirracistas con personas que maternan desde un contexto amplio.
Hasta el momento, se han llevado tres conversaciones, que se han llevado a cabo en Río Piedras, Ponce y en formato virtual. En el primer encuentro, una madre viajó de Arecibo a Río Piedras porque necesitaba hablar, en su caso, de las violencias que estaba enfrentando de su propia familia. En el segundo, se habló sobre cómo sobreviven las maternidades las mujeres que viven en albergues y todo lo que eso implica.
“A veces lo que hace falta es el espacio para ventilar, que yo termine de hablar y hable otra y yo me pueda encontrar en los ojos y en los dolores y en las historias de esa otra persona. No para romantizar y hacer el party de cuán oprimidas estamos, sino para entender que nuestras historias están enlazadas, que hay cosas que nos pasan a todas y que no es casualidad”, recordó Mayra.
Además del espacio para soltar y para la queja —que es fundamental para las maternidades—, durante esos encuentros han surgido reclamos específicos que Colectivo Ilé continúa recopilando, incluyendo los de las maternidades cuir. La idea es traducir esos reclamos en política pública y desarrollar una campaña desde un lente afrofeminista sobre lo que significa gestar, criar y parir como personas gestantes negras en una colonia.

“Además de acompañar con mucha ternura y tratar de escuchar y entender y subsanar un poco, queremos llevar esto más allá porque estas cosas no se solucionan sin reclamarlas. Tenemos que traducirlo en reclamos, que se traduzcan en política pública, que se traduzcan en programas, que se traduzcan en iniciativas que tal vez Colectivo Ilé puede impulsar o que algunas organizaciones aliadas a nosotras también nos pueden ayudar a impulsar”.
Para concluir, le preguntamos a Mayra y a Kimberly qué le dirían a esas mujeres y personas gestantes negras que están solas atrevesando estas múltiples violencias. Las respuestas fueron una apuesta a la esperanza, pero sobre todo, un reconocimiento a los saberes ancestrales, a las doulas y a las parteras que hacen un trabajo humanizado y que acompañan con dignidad.
“Como Mayra estaba diciendo, nuestras historias se entrelazan. Aunque uno piense que está sola en ese proceso, que puede sentirse muy solitario, siempre hay alguien que tiene una historia, aunque sea al otro lado de Puerto Rico, que tiene una historia que se va a entrelazar como la tuya. Y lo otro que tengo que decir es que reconozcamos que nosotras sabemos qué hacer. Por generaciones, siglos, milenios, las mujeres han sabido qué hacer, han sabido crear, han sabido contar historias, han sabido sanar, han sabido alimentar y continúan haciéndolo. Entonces hay que también confiar en eso”, compartió Kimberly para cederle la palabra a su amiga y colega.
“Yo diría todo eso y añadiría que el dolor y la violencia es inmerecida. Que no hay nada que nosotras hacemos, que no hay nada de lo que nosotras somos, que no hay nada en nuestra historia de maternar o de gestar y parir, sea cual sea, que la violencia es inmerecida. Que las vidas de las criaturas negras valen y que las vidas de las mujeres negras valen. Que hay otros futuros posibles y que, como dice Kimberly, sabemos, sabemos buscarlos y vamos a saber frenar esto que es inmerecido. Y quizás yo no esté viva para verlo, pero quizás nuestras nietas van a contar otras historias de mucha dignidad, de mucho amor y de mucha alegría, llena de constelaciones, de crías y madres felices”, concluyó Mayra.





