Foto del archivo de Ana María Abruña Reyes
La violencia sexual en Puerto Rico continúa siendo un problema grave de salud pública con efectos físicos, psicológicos y sociales para las personas sobrevivientes y su círculo cercano (Taller Salud). La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la violencia sexual como todo acto sexual, tentativa de consumar un acto sexual, o comentarios e insinuaciones sexuales no deseados.
Si en Puerto Rico, la búsqueda de servicios de salud ya es compleja de por sí, para las personas sobrevivientes de violencia sexual esa realidad se agrava. Los espacios de servicios de salud pueden generar tensión, ansiedad y estrés. Y esto se complica aún más cuando esos servicios terminan siendo revictimizantes, faltos de sensibilidad y empatía, o marcados por un trato frío e incomprensible.
El trauma no debe verse como algo individual; es un problema colectivo que impacta a toda la comunidad. Cuando un sistema de salud no ofrece un trato sensible, de apoyo y acompañamiento ante la violencia sexual, perpetúa desigualdades estructurales y dinámicas de poder. Esto afecta directamente el acceso a los servicios y aumenta situaciones de riesgos, como el abandono de tratamiento, detener la atención médica necesaria y desconfianza en el sistema.
Los servicios de salud son una primera respuesta ante la violencia sexual. Recurrir a servicios seguros y de apoyo no debe ser una segunda alternativa. Por eso reafirmamos la necesidad de un enfoque sensible en trauma que apoye la salud y el bienestar de quienes llegan con experiencias traumáticas. La violencia sexual puede tener múltiples consecuencias: lesiones, embarazos no deseados, abortos, problemas ginecológicos, infecciones de transmisión sexual, VIH, depresión, estrés postraumático, trastornos de ansiedad, trastornos alimentarios e intentos de suicidio (PMC).
Necesitamos y demandamos que el sistema de salud ofrezca servicios de manera integral y sensible (NMCSAP). La capacitación y la educación continua a los profesionales de la salud deben garantizar la empatía, la validación emocional, el uso de un lenguaje correcto, la autonomía de la persona y el manejo de protocolos adecuados que favorezcan la adherencia al tratamiento.
Sabemos que muchos casos aún no se reportan y que no todos los efectos son visibles. Las personas sobrevivientes pueden sentir vergüenza, miedo y negación al momento de contar lo sucedido al personal de la policía o a otras figuras de poder. Muchas veces tampoco sienten que pueden contar con el apoyo de su familia o amistades.
Un sistema con enfoque sensible en trauma permite reconocer las vías de recuperación y las necesidades específicas de cada persona, para así responder conscientemente a los efectos de vivir eventos traumáticos (SAMHSA). Cuando el personal de salud cuenta con las herramientas adecuadas, responde con seguridad, confiabilidad y transparencia. Esto permite el empoderamiento, la voz y la elección de las personas sobrevivientes, evitando así la retraumatización. El trato humanizado es un derecho humano. Vivimos en un país donde la violencia forma parte de nuestro diario vivir en distintos escenarios; buscar ayuda y tener acceso a un derecho no debería sentirse como un acto violento.
Hay respuestas que, aunque no parten de una mala intención, tienen un impacto emocional profundo. Ángel Gabriel (nombre ficticio), quien acudió a servicios de salud, expresó: “Realmente cuando yo le dije mis resultados, aunque sé que su intención no fue mala, trajo sus creencias religiosas para orientarme. En ese momento me sentí confundido y culpable sobre lo que estaba pasando”.
La academia y la teoría nos hablan de derechos humanos, trato humanizado, consentimiento y sensibilidad en la prestación de servicios de salud. Ahora debemos asegurarnos de que esto llegue a la práctica. Como profesionales de la salud, no podemos ver esto como una opción; debe ser una necesidad esencial dentro de los servicios. Atender y combatir la violencia sexual implica reconocer los determinantes sociales de las personas para poder intervenir desde una perspectiva salubrista. De esta manera, nos unimos y fortalecemos los esfuerzos contra la violencia sexual.
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Si usted o algún ser querido es víctima de violencia sexual o de género, existen recursos disponibles:
Línea de orientación y ayuda del Centro de Salud Justicia (787) 337-3737
Tu paz cuenta, de Taller Salud (787) 697-1120
Línea del Municipio de San Juan (939) CONTIGO / (939) 266-8446
Línea de Ayuda de Proyecto Matria: (787) 489-0022
Todas las líneas operan las 24 horas, los siete días de la semana.




